miércoles, 6 de agosto de 2008

Arqueología de El Salvador


DESARROLLO DE LA ARQUEOLOGÍA HISTÓRICA EN EL SALVADOR: EL PROYECTO DE REGISTRO Y RECONOCIMIENTO DE SITIOS ARQUEOLÓGICOS HISTÓRICOS

José Heriberto Erquicia Cruz



Cinacantan 1 y 2. Vistas del sitio Cinacantan, Tamanique, La Libertad.





Hoy en día es muy común en El Salvador escuchar hablar de arqueología, pero cuando nos referimos a ésta, se nos viene a la mente los sitios de índole indígena de la época prehispánica o precolombina, nunca pensamos en sitios de la época colonial, peor aún más, referirnos a sitios de los recientes siglos XIX y XX, es importante mencionar que existe mucha historia que contar a través de la arqueología a partir de la época de contacto.

Es comprensible el hecho anterior de pensar en los sitios antes de la llegada de los europeos al territorio americano; ya que en el caso específico del El Salvador pudo haber estado habitado desde hace unos 10,000 años atrás, por lo consiguiente existirían más restos de ocupación anterior a la conquista hispana.

Es así que la arqueología como disciplina dedicada al estudio del ser humano a partir del análisis de sus restos materiales no tiene límites geográficos ni temporales; nos puede brindar información sobre la vida del ser humano desde hace miles de años hasta el día de ayer.

La arqueología histórica según la Escuela Norteamericana se refiere a la disciplina que utiliza los métodos de la arqueología tradicional apoyándose en los documentos históricos, para poder interpretar las sociedades que se desarrollaron a partir de la llegada de los europeos al continente americano en el siglo XV hasta el siglo XIX. Partiendo de esa premisa para el caso de Mesoamérica y específicamente El Salvador, la arqueología histórica abarca desde la denominada época de contacto, en el siglo XVI (1522) hasta mediados del siglo XX (1950).

Según Roberto García Moll. “La Arqueología Histórica no es una ciencia auxiliar de la historia, ya que la información derivada de una excavación y el análisis de los materiales recuperados son en sí mismos una fuente de documentación y no mera aclaración de textos escritos”. (García Moll 2000:21)

Como en la mayoría de los países de la región, la arqueología histórica, abre su camino a partir de las intervenciones arqueológicas en edificios históricos, tales como iglesias, haciendas entre otros, como apoyo a la labor de restauración, conservación y puesta en valor del patrimonio cultural edificado de éste período.

Quizá el primer intento de localización de sitios prehispánicos y del siglo XVI a nivel nacional, se debe a la labor investigativa del salvadoreño Jorge Lardé, quién de manera sistemática se encargó de visitar varios sitios arqueológicos a finales de la década de 1910 y principios de 1920. Como resultado de sus visitas y recorridos publicó un documento denominado índice Provisional de Ruinas y Sitios Arqueológicos, tanto prehispánicos como históricos, sumando un total de 132 asentamientos antiguos para el territorio salvadoreño (Lardé 1926), es importante mencionar que esta fue la base del Atlas de sitios Arqueológicos de El Salvador. Retomado en años posteriores por otros investigadores como Stanley Boggs en la década de 1940 y publicado por Longyear, en donde también se mencionan algunos sitios coloniales (Longyear 1944); más tarde al final de la década de 1970 el reconocimiento arqueológico en la región del lago de Guija por parte de Paul Amaroli, nombra algunos sitios con ocupación colonial (Amaroli: 1978). A fines de la década de 1980, William Fowler, lleva a cabo el Proyecto Izalco, el cual registró y excavo algunos sitios arqueológicos históricos, entre éstos Tacuscalco Histórico como uno de los más importantes (Fowler 1988). Ya finalizando el siglo pasado Lorenzo Amaya, realizan un registro y reconocimiento de Obrajes de Añil en todo el territorio de El Salvador.

Es a partir de la década de los 80 del siglo pasado que en El Salvador se llevan a cabo proyectos de investigación arqueología en edificios históricos como respuesta a la intervención de éstos por parte de los restauradores; asimismo se dieron otros proyectos importantes en lugares históricos.

Son conocidas las intervenciones arqueológicas en los templos católicos de Asunción en Izalco y Nuestra Señora de la Asunción de Ahuachapán por Paul Amaroli; asimismo la excavación realizada por Blas Román Castellón en la catedral de San Salvador; los templos de Santiago Apóstol en Chalchuapa y San Juan Bautista en Nahuizalco por Vicente Genovés; la Catedral de San Vicente por Roberto Gallardo; el templo de Nuestra Señora del Pilar en San Vicente y la Antigua Iglesia de Tacuscalco por Fabio Amador; en una segunda intervención el templo de Nuestra Señora de la Asunción de Ahuachapán, el templo de la Concepción en Santa Tecla, El templo de San miguel Arcángel de Ilobasco, el Templo de Nuestra Señora de la Merced en San Salvador por Fabricio Valdivieso; una vez más Santiago Apóstol de Chalchuapa y San Antonio en San Antonio del Monte por Claudia Ramírez; el templo de Santa María de la O en San Juan Talpa por Marlon Escamilla; el templo de San Luis Talpa por Marta González y los templos de Tamanique, La libertad y San Esteban en San Salvador por José Erquicia; otro proyecto importante se realizó en el Templo de Santiago de Conchagua, sitio conocido como Conchagua Vieja, en la Isla de Conchaguita del Golfo de Fonseca, La unión por Esteban Montes Gómez, pero quizá el proyecto más completo de intervención arqueológico en un templo católico fue llevado a cabo por William Fowler en el Templo del siglo XVI, San Pedro y San Pablo de Caluco, Sonsonate en donde realizó una excavación de varios de los antiguos restos del inmueble.

Por otra parte las intervenciones arqueológicas en edificios con diferentes funciones a las religiosas se han llevado a cabo con menos frecuencia, podemos mencionar los trabajos de investigación del Palacio Nacional de El Salvador en San Salvador, realizados por Amaroli y posteriormente por Erquicia; asimismo en el Palacio de la Policía, hechos por Gallardo y seguido de Amador, las intervenciones en el edificio del Coro Nacional en San Salvador por Valdivieso; y la investigación en el edificio de la Rotonda o Escuela de Medicina de la Universidad de el Salvador por Ramírez. Algunos otros proyectos como las intervenciones en el casco de la Hacienda San José en Metapán por Amaroli y el hallazgo del obraje de Añil de San Andrés por Amaroli, Berhagen y Gallardo.

El gran proyecto de Arqueología Histórica en El Salvador, con una serie de intervenciones arqueológicas por parte de dos proyectos y otros rescates arqueológicos es definitivamente las investigaciones en el sitio de la Antigua Villa de El Salvador de 1528, conocido como Ciudad Vieja.

Llevadas a cabo desde 1996 hasta 2005, el Proyecto Arqueológico Ciudad Vieja, bajo la dirección de William Fowler, de la Universidad de Vanderbilt, EE.UU., han trabajando en el sitio diferentes temporadas de investigación arqueológica desde excavaciones, mapeos y sondeos geofísicos.
En 2002, da inicio el “Proyecto Ciudad Vieja”, en el que participa la Agencia Española de Cooperación Internacional AECI, la Academia Salvadoreña de la Historia y el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte CONCULTURA, en este proyecto se realizan dos temporadas de excavación hechas por Roberto Gallardo y José Erquicia, posteriormente de 2004 a 2006, se llevan a cabo varios sondeos arqueológicos con el propósito verificar si existían o no vestigios arqueológicos pertenecientes al sitio Ciudad Vieja, es fueron realizadas por José Erquicia del Departamento de Arqueología de CONCULTURA. (Erquicia 2007)

En definitiva, el sitio de Ciudad Vieja es el referente para la investigación arqueológica-histórica en El Salvador, con alrededor de 10 temporadas de investigación y una serie de documentos publicados y exposiciones en diferentes ámbitos científicos y académicos.

PROYECTO PAHES-UTEC

Tras la necesidad de un inventario de sitios arqueológicos históricos y una valoración de los mismos, en 2007 surge el proyecto de Reconocimiento y Registro de Sitios Arqueológicos Históricos de El Salvador (PAHES-UTEC), llevado a cabo por la Universidad Tecnológica de El Salvador con el apoyo de la Academia Salvadoreña de la Historia.

Como se mencionó anteriormente, en la actualidad no se cuenta con un Registro de sitios de éste tipo; por lo que se necesitaba de un proyecto base que registrara, inventariara, catalogara y contextualizara éstos sitios arqueológicos. Es así que el objetivo del Proyecto es registrar y documentar sitios arqueológicos históricos, ya sea que éstos estén registrados o no, con nuevas técnicas e instrumentos precisos para la ubicación y localización de los mismos. Además este proyecto pretende unificar criterios en la creación y propuesta de una Ficha de Registro de Sitios Arqueológicos Históricos, para El Salvador, el cual es uno de los aportes principales de éste Proyecto.

Por otra parte, la investigación aporta al desarrollo de la Arqueología Histórica en El Salvador; existe el conocimiento de una gran cantidad de sitios históricos mencionados en distintos documentos y que aún no han sido localizados; así como otros que necesitan de un registro adecuado y documentación precisa.

Al final de este proyecto se pretende crear una base de datos actualizada del Patrimonio Arqueológico Histórico de El Salvador.

En esta primera fase de la investigación se visitaron nueve sitios arqueológicos históricos, los cuales no contaban con un registro arqueológico previo a este proyecto, por lo que servirá para actualizar la información del Atlas Arqueológico de El Salvador.

La investigación en cuanto a la delimitación geográfico-espacial se enmarca dentro del territorio salvadoreño, incluyendo el territorio insular; por otra parte la delimitación temporal-cronológica, comprende desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX.

La investigación consiste en un estudio de carácter exploratorio y descriptivo, a través de visitas de campo, la recolección superficial de materiales culturales, obteniendo el registro fotográfico, ubicación, mapeo preliminar, descripción y análisis de los artefactos culturales y de los datos obtenidos en campo.

SITIOS ARQUEOLÓGICOS-HISTÓRICOS INVESTIGADOS

MAPILAPA


Mapilapa1. Vista de la fachada de la capilla de la antigua Hacienda Mapilapa, Nejapa, San Salvador.


Mapilapa, se ubica a 2.7 kilómetros al norte de la ciudad de Nejapa, municipio homónimo, departamento de San Salvador, en la Hacienda Mapilapa, hoy Cooperativa Mapilapa, en el caserío La Portada, denominada así por los vestigios arqueológicos de la Antigua Fachada de la Capilla de la Hacienda Mapilapa. Se localiza en las coordenadas geodésicas 13°50´17.7” LN y 89°13´16.0” LW, a una elevación de 442 metros sobre el nivel del mar.

La más temprana referencia documental disponible para esta investigación, corresponde a los litigios de la tierra comunal del pueblo de Nejapa, recogidos por el geógrafo David Browning en su libro “El Salvador, la tierra y el hombre”. El espacio temporal de estos litigios se ubica a mediados del siglo XVII que, tras la destrucción del antiguo pueblo en mención por la corriente de lava proveniente de la erupción del volcán de San Salvador, los lugareños se trasladan cerca del asentamiento actual. Un año después de la catástrofe, en marzo de 1659 solicitan a la Corona una porción de terreno cerca de la hacienda Mapilapa, perteneciente al español don Andrés Campo para poblarlo. Según Browning, “el permiso fue denegado a causa de de que el ganado de don Andrés podría causar graves daños a las cosechas de los lugareños, y sólo nos queda adivinar la influencia que el hacendado podía tener con las autoridades” (Browning, 1998:174-175).

Jorge Lardé y Larín, cita un expediente elaborado por el Pbto. Nicolás Pleytés de Ortega y Figueroa datada en septiembre de 1696. En esta mención destacan datos relevantes como su advocación a San Jorge como el patrono de la hacienda, y un posible cambio de dueño, ya que aparece el nombre de Don José Lara de Mogroviejo como propietario de Mapilapa (Lardé, 1977: 254) . Probablemente la continuidad de esta familia a cargo de esta hacienda se proyecta al siglo posterior, ya que en un expediente de visita para constatar el empleo de mano de obra indígena efectuado en 1703 ubica al capitán don Manuel de Lara como el propietario de la misma. Otros datos relevantes que ofrece este documento son aquellos que ubican a la hacienda como productora de añil tanto en sus campos como en los obrajes que posee; así mismo se menciona la existencia de una ermita donde se impartía doctrina cristiana a sus trabajadores, entre los cuales habían indios ladinos y mulatos que dicen recibir alimentación y jornadas de trabajo acordes a las ordenanzas de ese tiempo (AGCA, 1703: Leg.612Exp.5607). En 1785 continúa bajo la misma familia, la cual emplea 23 peones provenientes del pueblo de Nejapa durante 8 semanas (Rubio Sánchez, 1975:138-139).
El siglo XIX presenta cambios importantes en cuanto a las familias propietarias de esta hacienda. No es seguro afirmar que la inestabilidad de las primeras décadas de la república independiente que ocasiona daños tanto a la gobernabilidad como también en la economía agrícola a la cual se suma la crisis del mercado añilero pueda explicar estos cambios. El informe del Intendente Antonio Gutiérrez y Ulloa menciona a Mapilapa como hacienda de ganado y añiles del partido de Opico, pertenecientes a la viuda y sucesión de Lansel (Locuel?) (Gutiérrez y Ulloa, 1808: s/p). Manuel Rubio Sánchez cita un informe de 1805 donde aparece los cortes de las haciendas añileras, entre ellas la de estudio y menciona como propietaria a doña Gertrudis de Becerril (Rubio Sánchez, op.cit). A mediados de este siglo la propiedad pertenece a la familia Bustamante, con una diversidad de producciones agrícolas para las cuales se posee maquinaria de moler caña de azúcar, destilación de aguardiente, molino de trigo, obrajes y estufas para elaborar añil (Gómez, 1990: 307). No encontrando hasta el momento referencias en el siglo XX, la actual propiedad pertenece a una cooperativa del mismo nombre, creada tras la reforma agraria a principios de la década de 1980.

Descripción del sitio

Mapilapa2. Vista de los restos de un muro

perimetral dela antigua Hacienda Mapilapa,

Nejapa, San Salvador.

Mapilapa, consiste en los restos de los pisos de baldosa, los cimientos de las paredes, los muros de contención, gradas y acera de acceso, además de la fachada de lo que en un tiempo pudo haber sido un complejo de estructuras de la antigua Hacienda Mapilapa, incluida la portada de una capilla. Este complejo se encuentra sobre una elevación natural, ubicada estratégicamente con una vista que domina el perímetro de 360° los valles y montañas circundantes.


El estado de conservación de los restos es muy malo, solamente se encuentra en pie la fachada de la capilla, por lo demás los cimientos y pisos antiguos están invadidos por las casas modernas de los actuales habitantes de la cooperativa Mapilapa.


ATAPASCO
Atapasco, se ubica a 2 kilómetros al norte de la ciudad de Quezaltepeque, municipio homónimo, departamento de La Libertad, al sur del río Sucio, al norte del río Claro y al oeste de la carretera que de Quezaltepeque conduce a San Matías a través del puente colonial de Atapasco, se encuentra dentro de los terrenos de la Finca Río Claro. Se localiza en las coordenadas geodésicas 13°51´19.0” LN y 89°17´14.80” LW, a una elevación de 352 metros sobre el nivel del mar.

Atapasco. Vista de las estructuras del Ingenio de Hierro de la antigua Hacienda de Atapasco, Quezaltepeque, La Libertad.


Las menciones sobre esta antigua hacienda giran alrededor de 3 aspectos relevantes: sus producciones, entre ellas el ingenio de hierro en sus linderos, es una de las pocas propiedades que se han ubicado la pertenencia al poder eclesiástico, y por la confluencia en los últimos siglos de dos haciendas: Río Claro-Atapasco y la transformación de su industria al beneficiado de café.

Las primeras referencias documentales provienen de mediados del siglo XVIII estudiadas por José Antonio Fernández y sintetizadas por Pedro Escalante Arce. En resumen, estas referencias destacan a la hacienda de Atapasco por la ubicación de un ingenio de hierro perteneciente a la orden de los dominicos. En 1746, los monjes lo habían arrendado a Ignacio Mirasol y subarrendado a José de Lara Mogrovejo, quien estaba produciendo siete mil quinientas libras anuales de hierro (Fernández, 2005: 80). A este ingenio corresponden probablemente los restos arqueológicos a orillas del río Sucio, en Quezaltepeque, en la hacienda Río Claro, que antes fue parte de Atapasco. La Relación geográfica de la provincia de San Salvador, elaborada por el alcalde mayor de San Salvador, Manuel de Gálvez de Corral, en 1740 confirma la existencia de obrajes de hierro en las jurisdicciones de Opico y Quezaltepeque (Escalante, inédito).

Llama la atención que Lara de Mogroviejo aparece también como propietario de Mapilapa a finales del siglo XVII según Lardé y Larín (Lardé, 1977: s/p) . A finales del siglo XVIII aparece como cosechero de añil en Atapasco don Juan Escamilla, empleando20 peones durante 8 semanas (Rubio Sánchez, op.cit.).

En las postrimerías del dominio español se mantiene la pertenencia de esta hacienda a los dominicos según el informe del Intendente Ulloa, aunque no se mencionan sus producciones. Décadas más tarde, en la Estadística de 1858-1861 se describe en el distrito de Quezaltepeque la existencia de dos minerales de piedra de cal en explotación en la jurisdicción de Opico, sin precisar los nombres ni los dueños de dichas explotaciones. Más adelante, en el apartado sobre Quezaltepeque, la parca mención de Atapasco se limita a sobresaltar la magnífica y antigua obra del puente con el mismo nombre sobre el río Sucio (Gómez, op.cit: 340-345).

A principios del siglo XX, Santiago Barberena menciona dos haciendas de interés en el municipio de Quezaltepeque. La primera es Río Claro de los señores Álvarez que comprende de 80 caballerías cultivadas con cereales y crianza de ganado; la segunda es Atapasco, de la sucesión de Hedor Deininger con 50 caballerías y en la cual “al igual que en la de Río Claro” hay un completo beneficio de café. Entre las fincas cafetaleras que se distinguen en esta jurisdicción se encuentran las de ambos agricultores propietarios (Barbenerna, 1998: 216-217). Esto podría suponer la unión de ambas propiedades que en la actualidad pertenecen a la sucesión Ávila-Álvarez.


Descripción del sitio
Atapasco, consiste en los restos de cimientos, paredes, muros de contención, canaletas, columnas, pilas de caída y contención de agua, nichos en las paredes y otros elementos arquitectónicos y de ingeniería hidráulica de la época, los cuales servían para hacer funcionar el antiguo ingenio de hierro.

La fuerza hidráulica, para hacer trabajar este ingenio de hierro, tuvo que venir del río Sucio, el cual se encuentra a escasos 30 metros en la actualidad. Este complejo se encuentra cubierto por la ceniza volcánica de la erupción del volcán El Playón, el que históricamente esta documentado que cubrió los restos de ésta hacienda en 1658.

SAN MIGUEL INGENIO

San Miguel Ingenio, se encuentra en el Caserío y Cantón San Miguel Ingenio, ubicado a 10.2 kilómetros al Este de la ciudad de Metapán, municipio homónimo, del departamento de Santa Ana, al sur de la calle balastreada que conduce hasta Citalá, al norte de río San Miguel Ingenio. Se localiza en las coordenadas geodésicas 14°19´54.4” LN y 89°21´14.60” LW, a una elevación de 820 metros sobre el nivel del mar.

Según la documentación de José Antonio Fernández y la reseña de Pedro Escalante, San Miguel parece ser contemporáneo a San José, es decir, la posibilidad de su entrada en funcionamiento a partir del último cuarto del siglo XVIII. En la actualidad, por sus rasgos arquitectónicos y estado de conservación, se sintoniza con San José y la casa patronal de El Rosario, a manera de comparación para lograr una comprensión de la magnitud y dimensiones.

El recorrido de este ingenio demuestra que San Miguel no cuenta con la misma suerte que su contemporáneo San José, pero si cuenta con cierta continuidad hasta la postrimería del siglo XIX el lo que se refiere a la familia en propiedad y al funcionamiento de sus instalaciones. Tanto el informe del Intendente de San Salvador en 1807 como la Estadística general de 1858-1861 donde ubican a Francisco y Domingo Arbizú como sus dueños en el orden respectivo, contempla la posibilidad de esta familia -que forma parte de la entonces elite guatemalteca- como la primera propietaria del ingenio en cuestión.

En el informe de Minas de 1880 menciona la veta de San Miguel como una de las más explotadas, al igual que la de San José; sin embargo, no se menciona la persona propietaria de la misma. Ninguno de estos datos es mencionado en la monografía departamental de Barberena, limitando la referencia a la hacienda del mismo nombre en la que se cultiva café, caña de azúcar y trigo, cuenta con un molino para sacar harina y con un ingenio para elaborar hierro (Barberena, obra citada)

San Miguel. Vistas de las edificaciones del antiguo Ingenio de Hierro de San Miguel, Metapán, Santa Ana.


Descripción del sitio

San Miguel Ingenio, consiste en los restos de un antiguo Ingenio de Hierro, el cual posee varios canales y canaletas, una canaleta principal en donde bajaba el agua hacia una pileta, que hacia girar una rueda de madera para generar energía hidráulica. Se pueden observar cimientos, paredes, muros de contención, canaletas, columnas, pilas de caída y contención de agua, nichos en las paredes y otros elementos arquitectónicos y de ingeniería hidráulica de la época, los cuales servían para hacer funcionar el antiguo ingenio de hierro. Lastimosamente hoy en día se encuentran casas modernas sobre las estructuras antiguas, por lo que es difícil de entender más allá la distribución de los espacios históricos por la alteración que esta sufriendo día a día el sitio, cabe mencionar que este Ingenio es el que presentó las proporciones más grandes de todos los registrados por este proyecto en esta temporada.
La fuerza hidráulica, para hacer trabajar este ingenio de hierro, tuvo que venir del río San Miguel El Ingenio, el cual se encuentra a escasos 10 metros hacia el sur de los restos antiguos.

EL ROSARIO

El Rosario, se encuentra en el Cantón El Rosario, ubicado a 7.5 kilómetros al Este de la ciudad de Metapán, municipio homónimo, del departamento de Santa Ana, al norte de río El Rosario. Se localiza en las coordenadas geodésicas 14°21´13.4” LN y 89°22´39.2” LW, a una elevación de 870 metros sobre el nivel del mar.

Las particularidades actuales de este sitio son el buen estado de conservación de la antigua casa patronal, la cual pese a algunas modificaciones, mantiene relativamente intactos sus elementos arquitectónicos originales y representa a su vez una magnífica muestra de las antiguas casas rurales que quedan en el país. Esta no es la misma situación del segundo componente arquitectónico del conjunto que consiste en el antiguo ingenio de hierro, el cual presenta un grave deterioro que pese a su condición, la monumentalidad de sus dimensiones exhiben los materiales constructivos como mampostería, piedra y ladrillo. En una visita realizada por Enrique Kuni Mena, del Departamento de Historia de la Administración del Patrimonio Cultural, menciona que esta última edificación presenta un 70% de buen estado, las 15 pilastras y toda la parte superior de la canaleta permanecen prácticamente intactas.

Las últimas referencias documentales disponibles sobre el funcionamiento del Rosario se remontan a la Estadística General de 1858-1861. De las 7 existentes en el municipio de Metapán, solo San José, San Miguel y El Rosario se encuentran trabajando; esta última pertenece a un propietario de apellido Planas. Resulta peculiar la omisión de este ingenio en el informe del Intendente Ulloa en 1808, probablemente se trate de los ingenios de San Rafael o el del Carmen que el mismo intendente menciona, aunque sus coordenadas no concuerdan a cabalidad con la ubicación del Rosario, ya que los mencionados aparecen con 3 y media leguas al NE. de Metapán, en camino Real de Guatemala; mientras que El Carmen lo sitúa a 3 leguas al N, camino a Esquipulas.

Ante esta situación aun no resuelta lo suficiente, Escalante Arce sugiere que El Rosario formaría parte de los más antiguos, pero éste ya no se encontraba trabajando al momento de la visita del Arzobispo Cortés y Larráz, quien en menciona en 1768 el funcionamiento de Santa Gertrudis, San Rafael y El Carmen (Escalante, 2007: s/p)

San Miguel. Vistas de las edificaciones del antiguo Ingenio de Hierro de San Miguel, Metapán, Santa Ana.


Descripción del sitio
El Rosario, consiste en los restos de un antiguo Ingenio de Hierro, el cual posee una canaleta principal en donde bajaba el agua hacia una pileta, que hacia girar la rueda de madera que generaba energía hidráulica. Se pueden observar cimientos, paredes, muros de contención, canaletas, columnas, pilas de caída y contención de agua, nichos en las paredes y otros elementos arquitectónicos y de ingeniería hidráulica de la época, los cuales servían para hacer funcionar el antiguo ingenio de hierro.

Además se observa la casa del casco de la Finca o Hacienda El Rosario que posee valor patrimonial. El sitio se encuentra en estado regular de conservación, a parte del deterioro de los años, no se observan daños más que de la naturaleza y el tiempo.

La fuerza hidráulica, para hacer trabajar este ingenio de hierro, tuvo que venir del río El Rosario, el cual se encuentra a unos 20 metros hacia el sur de los restos antiguos.

SANTA GERTRUDIS

Santa Gertrudis, se encuentra en el Caserío Santa Gertrudis, Cantón Aldea El Zapote, ubicado a unos 8.5 kilómetros al Sureste de la ciudad de Metapán, municipio homónimo, del departamento de Santa Ana, al Oeste de río Tahuilapa. Se localiza en las coordenadas geodésicas 14°16´52.1” LN y 89°23´24.1” LW, a una elevación de 495 metros sobre el nivel del mar.

Este ingenio plantea otras situaciones que conducen a un temprano desaparecimiento, pues si bien podría ser uno de los más antiguos por la mención realizada por Cortés y Larraz, el informe de la Intendencia en 1807 menciona la existencia de este ingenio y hacienda de lo mismo, en posesión de Antonio Martínez, aunque no es posible precisar a ciencia cierta su funcionamiento, ya que para mediados del mismo siglo y en las posteriores referencias documentales no se menciona el funcionamiento del mismo. Sin embargo, Santiago Barberena diferencia a Santa Gertrudis como un ingenio “suspenso” respecto al Rosario, San Francisco y otros, a los que se refiere al estado “ruinoso” de éstos (Barberena, 1998: 167).

Aunque esta diferencia no es del todo clara, no es posible determinar cuándo deja de funcionar Santa Gertrudis. No obstante, el severo estado de destrucción que presenta respecto a sus similares podría responder a un temprano abandono del trabajo siderúrgico, o bien a la destrucción paulatina ante posibles inundaciones por encontrarse en una vega inmediata a un río de caudal mediano; pero también debe tomarse en cuenta que las actividades agrícolas, ganaderas y recreativas que rodean inmediatamente a la estructura pueden haber ocasionado extracción de material rocoso y otros daños irreparables que caracterizan al ingenio de Santa Gertrudis.

Finalmente, el informe de Minas redactado para el gobierno salvadoreño por W. Goodyear plantea las causas del decaimiento de la siderurgia metapaneca, las cuales han sido ya trabajadas y confirmadas por los investigadores actuales: “…Los ingenios de hierro construidos en época antigua por el sistema catalán, adolecen de tales defectos que al mismo tiempo hacen más costosa la reducción del mineral, limita la producción a un término insignificante por la lentitud de las pesadas e imperfectas máquinas con que se opera. Por consiguiente, esta industria que bajo otro sistema de reducción pudiera ser muy productiva y un elemento de prosperidad para el país, no puede ni con mucho hacerla competencia a la importación que se hace del extranjero, no obstante que los mineros de Metapán pudieran ofrecer el mejor hierro maleable conocido hasta hoy, no solo a los mercados de Centroamérica, sino que a muchos del extranjero” (Guzmán, 1883: 170).
Santa Gertrudis. Vista del antiguo Ingenio de Hierro de Santa Gertrudis, Metapán, Santa Ana.


Descripción del sitio
Santa Gertrudis, consiste en los restos de un antiguo Ingenio de Hierro, el cual posee una canaleta principal en donde bajaba el agua hacia una pileta, que hacia girar la rueda de madera que generaba energía hidráulica. Se pueden observar cimientos, paredes, muros de contención, canaletas de contención de agua, nichos en las paredes y otros elementos arquitectónicos y de ingeniería hidráulica de la época, los cuales servían para hacer funcionar el antiguo ingenio de hierro. Además se observa la casa del casco de la Finca o Hacienda Santa Gertrudis que en alguna medida posee valor patrimonial.

El sitio se encuentra en muy mal estado de conservación, la pila principal se ha logrado detener de su colapso gracias a que un árbol de Chilamate la sostiene, a parte del deterioro de los años, no se observan daños más que de la naturaleza y el tiempo.

La fuerza hidráulica, para hacer trabajar este ingenio de hierro, tuvo que venir del río Tahuilapa, el cual pudo haber cambiado su curso ya que se encuentra un tanto lejos de la ubicación de los restos antiguos.

OSTUA

Ostua, se encuentra en la Hacienda Ostua del Caserío San Jerónimo, ubicado a unos 11.4 kilómetros al Oeste de la ciudad de Metapán, municipio homónimo, del departamento de Santa Ana, al Norte de río Angue o Aguiatú, también conocido como río Frío, Negro o El Brujo. Se localiza en las coordenadas geodésicas 14°18´59.9” LN y 89°33´45.0” LW, a una elevación de 435 metros sobre el nivel del mar.

Sobre este sitio, existe una larga tradición –algunas documentadas- de las interpretaciones que lugareños e investigadores han elaborado. La documentación existente se basa principalmente en especulaciones que en pocas ocasiones hacen referencia precisa a las fuentes documentales que las sustentan, específicamente la información proveniente del estudioso Jorge Lardé y Larín. No obstante, estas interpretaciones fueron recopiladas en un expediente por el extinto Departamento de Historia, de la anterior Administración del Patrimonio Cultural, hoy CONCULTURA, siendo en ese entonces director de dicho departamento Efraín Cerna.

Las fuentes históricas coloniales indican un despoblamiento de los alrededores del lago de Güija entre 1733 y 1740 a raíz de inundaciones provocadas por desbordamiento de los ríos Angue, Ostua. Entre estos asentamientos se encuentran Managua y Uxapa, que para Barón Castro son los nombres antiguos de los posteriores pueblos coloniales de Belén-Güijat que aparecen en la primera tasación de la jurisdicción de San Salvador, elaborada por López de Cerrato y otros en 1548. (Barón Castro, 1942: 571 y 574).

Otros pueblos de esta zona que desparecieron posteriormente en la primera mitad del Siglo XVIII se encuentran los de Güija y Ostua que poseen las advocaciones de Nuestra Señora de Belén y el Cristo crucificado, respectivamente, según una consagración de campanas en las poblaciones de los curatos de Santa Ana y Metapán en 1734 en donde no aparecen los pueblos referidos en la citada tasación del siglo XVI. (Archivo de Historia, expediente HA-10).

La tradición oral sobre el origen de Ostua, se remonta según Jorge Lardé a un informe Municipal de Metapán, solamente fechado en 1858 donde relata el hallazgo de adornos de plata encontrados por pescadores en las riberas del lago, quienes además observaron presuntamente restos de edificaciones bajo el agua, las cuales hasta la fecha del expediente (1975) no fueron observadas por los investigadores de ese entonces. La interpretación que surgió a partir del documento de 1858 es la que presume la destrucción de pueblos prehispánicos por los movimientos geológicos del volcán San Diego y otras montañas de la zona.
Dicha tradición recoge Ignacio Gómez en la estadística general de 1858-1861 sobre la formación de la laguna de Güija a raíz de la erupción de dos volcanes aledaños que obstruyeron el curso de los ríos Ostua y el Langue, inundando los pueblos prehispánicos de Güijar y Zacualpa; mientras que Angue y Ostua –pueblos fundados por españoles- de los cuales quedan vestigios de sus iglesias (Ostua) y algunas imágenes religiosas supuestamente guardadas en templos de la actual Metapán (parroquia y El Calvario) fueron abandonadas para formar la actual ciudad de Metapán, verificada por los últimos curas párrocos de Ostua en agosto de 1683. (Gómez, 1858: 100)

A principios del siglo XIX, el informe del Intendente Ulloa menciona las haciendas Ostua y Langue (Angue?) que pertenecen a sendas cofradías de los mismos títulos, mientras que Belén pertenece a Antonio Martínez, sin más datos que los mencionados. Una monografía del distrito de Metapán publicado en 1931 interpreta la portada de Ostua como los restos del antiguo pueblo de Santiago Ostua a raíz de la inundación provocada por el río que se encuentra a 100 metros de distancia, no encontrándose ningún rastro más que una plataforma situada a 300 metros al O de la iglesia, lo que hizo suponer que dicho templo esta construido sobre una elevación, donde las aguas del río terraplenaron los terrenos del antiguo poblado. En ese mismo informe menciona la existencia de una base de calicanto situada 30 m. al Pte. de la puerta principal, sobre la cual estuvo colocada la cruz; mientras que hacia el Este se localizan escombros de las bóvedas derrumbadas donde fácilmente se encontraban objetos de valor (Valiente y Monterrosa, 1931: s/p). Dicho documento es trascrito por Efraín Cerna, y en el mismo afirma que los restos mencionados no se encontraron en la visita donde se tomaron fotografías, efectuada en el primer trimestre de 1975, fecha en que la hacienda es propiedad de la familia Valiente, oriunda de Santa Ana, al igual que en 1931 (Archivo de Historia, Expediente AH-10: s/p).

Finalizando con la interpretación de Jorge Lardé, evalúa la posibilidad de la destrucción entre 1773 (luego de la consagración de campanas) y el 11 de mayo de 1740 cuando el informe del Alcalde Mayor, Manuel de Gálvez y Corral no figuran esas comunidades como pueblos. Sin embargo, Lardé es de la idea que los sucesos sísmicos que las fuentes documentales (no precisadas) informan en 1733 que afectaron casi toda la Alcaldía Mayor de Sonsonate y la región de Santa Ana, fue la causa del derrumbamiento de las iglesias de Metapán, Angue, Ostua y Belén Guijat, a raíz de lo cual los vecinos de Angue y Ostua tomaron vecindad en el primero, mientras que el último pueblo hicieron lo mismo en Texistepeque.

Ostua. Vistas de la fachada de la iglesia del antiguo asentamiento colonial de Ostua, Metapán, Santa Ana.


Sin embargo, quedan algunos puntos inconclusos que requieren mayor investigación en fuentes, ya que la irregularidad de las menciones de dichas poblaciones en informes oficiales dejan abiertas dos posibilidades: la inundación de Ostua entre 1734 y 1740 o la destrucción sísmica en 1733. En ambas posibilidades debe contemplarse los demás pueblos por compartir aparentemente el mismo destino y la misma interpretación imprecisa.

Descripción del sitio
Ostua, principalmente consiste en los restos de una antigua impresionante fachada de Iglesia que se encuentra en un estado de conservación satisfactorio, además de la fachada unos 20 metros hacia el oeste se encuentra la base de la cruz Atrial, es muy probable que alrededor de éstas estructuras se encuentren más cimientos de paredes de otras edificaciones.

SANTA MARÍA MAGDALENA DE TACUBA

Tacuba, se sitúa en la meseta de la sierra de Apaneca-Ilamatepec, ubicada a unos 5.5 kilómetros al Oeste de la ciudad de Ahuchapán, en el municipio de Tacuba, del departamento de Ahuchapán, frente la parque central de la villa del mismo nombre. Se localiza en las coordenadas geodésicas 13°54´10.9” LN y 89°55´55.1” LW, a una elevación de 710 metros sobre el nivel del mar.

El referido Departamento de Historia, como parte de un proyecto de identificación, investigación y preservación de sitios de interés históricos de El Salvador, posee entre sus documentos algunos informes sobre iglesias coloniales, entre ellas las ruinas de la iglesia de Tacuba, para la cual contaron con un documento existente en el Archivo General de Centroamérica, según el cual la primigenia iglesia de dicho poblado fue edificada aproximadamente en 1705, según la memoria Mateo Ramírez, el alcalde del pueblo e indio principal del mismo.

El documento en mención, se refiere a una causa se reclamo del Alcalde Mayor de Sonsonate que exigía entrega de especies para la construcción y ornamento de la iglesia. Los cofrades e indios a quienes se les exigía dicho tributo acudieron al cura del Real Patronato y Juez Eclesiástico del domicilio de Ahuachapán, jurisdicción eclesiástica a la que pertenece Tacuba.

En la información jurada de la práctica, el alcalde atestiguó que la iglesia comenzó a edificarse a instancias del cura licenciado don Jacinto Jaime, quien contrató al oficial Juan Clemente y a su hijo ayudante del mismo nombre. Según el documento, otros pobladores atestiguaron lo mismo, concluyendo que para 1769 la edificación contaba en su interior con retablo, órgano y roquetes de acólicos (sic). Otros autores, entre ellos Jorge Lardé afirman que la destrucción del templo junto a los de Caluco por el terremoto de Santa Marta, destructor de la Santiago de Guatemala en 1773, cuatro años después del citado informe judicial de Tacuba (Archivo de Historia, A-10)

Tacuba. Vista del interior de la iglesia colonial de Tacuba, Ahuachapán


Descripción del sitio
Tacuba, principalmente consiste en los restos de una antigua e impresionante Iglesia que por el paso de los años se ha ido deteriorando poco a poco. Aún hoy todavía se encuentran algunas paredes laterales en pie al igual que las habitaciones de la Sacristía y el Baptisterio de la antigua Iglesia que se viniera abajo con el terremoto de Santa Marta de 1773.

CINACANTAN

Cinacantan, se sitúa en el cantón y caserío Tarpeya del municipio de Tamanique, a unos 6 kilómetros al suroeste de la ciudad homónima, departamento de la Libertad, sobre una serie de elevaciones naturales conocidas como Cerro Redondo y Pueblo Viejo. Se localiza en las coordenadas geodésicas 13°32´51.1” LN y 89°23´41.3” LW, a una elevación de 465 metros sobre el nivel del mar.

En el contexto del restablecimiento de la villa de San Salvador en el valle de la Bermuda, cuando se da por sentada la calma en el proceso de control y pacificación de los nuevos dominios reales, corre la alarma de un nuevo y fuerte levantamiento, en el cual los aborígenes se “empeñolaban”, un término acuñado por los españoles para referirse a una estrategia militar característica de los levantamientos o luchas pipiles. Con este preámbulo, Rodolfo Barón Castro presenta en su Reseña histórica de la villa de San Salvador un episodio poco conocido del proceso de conquista del señorío o antigua provincia de Cuscatlán, el cual tuvo lugar en el sitio arqueológico a tratar: el peñón de Cinacantan o Cinacantlán.

Basado en una investigación documental primaria en el Archivo General de Indias en Sevilla, España; el asentamiento de estudio parece tener un origen anterior a la conquista, así como también fue un pueblo perteneciente a la jurisdicción de San Salvador, ya que según documentos citados por el autor, dicho población estuvo encomendada en 1548 a Sancho de Figueroa, pero fue extinguido posteriormente sin saberse la fecha precisa. (Barón Castro, 1996: 125).
Los acontecimientos que hacen de este asentamiento un sitio de interés arqueológico e histórico, se refieren a una batalla entre la población indígena alzada y los españoles en el año de 1538. La construcción de dichos acontecimientos se basa en las probanzas militares de Bartolomé Bermúdez y Miguel Díaz Peñacorba, protagonistas principales de las hazañas.

Según las declaraciones de Miguel Díaz Peñacorba en julio de 1538, afirma que “…andando conquistando en los términos de esta villa de San Salvador, llegamos a un fuerte peñol que dicen Cinacantlán, donde los dos primeros acometimientos que en términos de dos horas le hicimos, fuimos heridos y despeñados la mayor parte de los españoles y que habiéndome retirado a posar… me allegué yo solo al pié de la peña y allí tuve plática con el señor de los contrarios…. Entramos 6 españoles desarmados en aquel peñol y aunque conocimos a la traición de los enemigos, subimos, herrando nuestras armas secretas, siendo yo de los españoles el primero en subir… y tuvimos en el peñol hasta que del Real fuimos socorridos y fue ganado; muy gran número de enemigos y sin muerte de ningún español, y la tierra toda luego se dio al servicio de su majestad…” (Obra citada: 110)
Bartolomé Bermúdez por su parte, presenta otros detalles de la escena, los cuales escoge Barón Castro para cuestionar la veracidad de algunos hechos, principalmente sobre la estrategia empleada por los españoles para combatir el obstáculo geográfico.

… que el dicho Diego de Alvarado y la demás parte de los españoles que estábamos con él, fuimos haciendo guerra a poner cerco al dicho peñol de Cinacantlán y si saben que el día que legamos al dicho peñol acometimos dos veces, y la primera vez nos derrocaron a flechazos y a bote de picas del peñol bajo, y saben ser yo, el dicho Bartolomé Bermúdez, uno delos que vinieron rodando…”
…. Estando como dicho es, el capitán y la demás parte de nosotros heridos, y sin haber remedio de poderles ganar el peñol, y si saben que yo, el dicho Bartolomé Bermúdez, viendo el peligro en que estábamos, en el grande servicio de Dios y de su real Majestad que se seguya (sic) si no se ganose el dicho peñol… hice una escala o argumento de madera y lo puse al pié del peñol y si sabía que como los enemigos vieron el ingenio de madera, dejaron de tirar flechas y piedras y de dar gritos…. (Obra citada: 108).

Otros aspectos que le fueron de interés a Barón Castro sobre las declaraciones de Bermúdez, son aquellas referentes a la respuesta de los aborígenes, según los cuales Bermúdez “algunos se despeñaron huyendo de miedo y otros mataron (los españoles) a espada”; más otras declaraciones como las de Juan Duarte quien afirmó “que en el peñol no estaban sino tres o cuatro pueblos”, lo cual para el también testigo Francisco de León, “era zona abrupta, pero poblada”. (Obra citada: 109) Para el autor, el artefacto utilizado por los españoles debió ser un mecanismo mediante el cual pudieron, preservados por él, hostilizar con sus armas –especialmente ballestas- a los aborígenes concentrados en el peñol de Cinacantan; así como también desmiente la presencia del mítico personaje de Atlacatl como el señor de los indígenas en este combate, ya que en la documentación por él utilizada no se menciona ningún nombre de los enemigos de los españoles. (Obra citada. 127)



Descripción del sitio
Cinacantan, principalmente consiste en los restos de un sitio prehispánico del período posclásico tardío (1200-1525 d. de C), que tuvo contacto con los españoles de la Villa de San Salvador por un hecho de guerra documentado en los archivos históricos. En la cresta de la loma se ubican una serie de más de cuatro grupos de pequeñas plazas con montículos a su alrededor. El lugar principal de la batalla, de seguro es el que se denomina cerro redondo y es el probable “peñol” que mencionan las crónicas.




BENEFICIO RÍO CLARO

Río Claro, se ubica a 2 kilómetros al norte de la ciudad de Quezaltepeque, municipio homónimo, departamento de La Libertad, al sur del río Sucio y al oeste de la carretera que de Quezaltepeque conduce a San Matías, se encuentra dentro de los terrenos de la Finca Río Claro. Se localiza en las coordenadas geodésicas 13°51´02.5” LN y 89°17´02.7” LW, a una elevación de 383 metros sobre el nivel del mar.

La hacienda Río Claro, después de desmembrada de la hacienda Atapasco, fue propiedad de diversas personas, hasta que alrededor de 1890 ya estaba en manos de la Compañía Agrícola de El Salvador, de la familia Álvarez, de origen colombiano, cuyo primer miembro en llegar al país fue el famoso médico doctor Emilio Álvarez Lalinde, originario de Medellín, quien aquí casó con una señora también colombiana. La mayor parte de la familia vivió en Santa Ana.

Actualmente, Río Claro continúa como propiedad de una rama de la familia Álvarez, uno de los apellidos tradicionalmente más unidos a la industria de café en El Salvador. Fue en Río Claro donde por primera vez funcionó el sistema húmedo para procesar el café. Antes, el grano se dejaba secar en patios con ladrillos de barro para exacerbar el calor y después se trillaba en recipientes circulares, por lo usual de calicanto, con enormes ruedas de madera que se movían con tracción animal que desmenuzaban los granos secos. El Dr. Álvarez y sus hermanos fueron quienes instalaron los primeros pulperos de café accionados con una turbina hidroeléctrica, gracias a la gran abundancia de agua en Río Claro. Es lo que se ha llamado “café lavado”, procedimiento ideal para la exportación, que ya para entonces funcionaba en Costa Rica y Guatemala. El mérito de Río Claro es haber sido el beneficio de café que instaló inicialmente el sistema húmedo, con los pulperos movidos por turbinas hidráulicas. Al presente, aunque con mejoras y tecnificado, básicamente sigue siendo el mismo proceso, con despulpado, lavado y secado. (Álvarez Geoffroy: 1996).

Descripción del sitio
Río Claro, principalmente consiste en la estructura de un ingenio de café, con todas la maquinaria para su funcionamiento, pilas piletas canaletas, patios de secado, y demás estructuras que sirven para las funciones administrativas del propio beneficio y que por su arquitectura, antigüedad e importancia en el desarrollo de la economía salvadoreña desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, forman parte del patrimonio cultural Salvadoreño.

COMENTARIOS FINALES

El Proyecto Reconocimiento y Registro de Sitios Arqueológicos-Históricos de El Salvador (PAHES-UTEC), fase de investigación 2007, brindó los resultados esperados, en cuanto se lograron cumplir los objetivos propuestos por el mismo.

Con la finalización de esta fase investigativa se realizó el primer registro formal de sitios arqueológicos-históricos de El Salvador, presentando fichas de registro debidamente documentadas elaboradas según la naturaleza del proyecto.

En estas se reconocieron e inventariaron un total de 9 sitios arqueológicos-históricos, en las zonas centro y occidente del territorio salvadoreño. Cabe destacar que ninguno de éstos se encontraba en el registro del Atlas Arqueológico de El Salvador de CONCULTURA.

En esta fase se pudo documentar cada uno de estos sitios en los aspectos históricos, arqueológicos y arquitectónicos, identificando Ingenios de Hierro, Antiguas Haciendas, Fachadas y restos de iglesias y capillas, Beneficios de Café y sitios de batallas entre indígenas y españoles. Además la investigación determinó distintos períodos de ocupación, los cuales van desde sitios del siglo XVI temprano hasta vestigios de la época industrial, que conforman el rico Patrimonio Cultural Arqueológico histórico salvadoreño.

Río Claro. Vista de la entrada principal del Beneficio Río Claro, Quezaltepeque, La Libertad.



El componente histórico se vio fortalecido con la investigación histórica paralela a la investigación arqueológica, documentando nuevas fuentes bibliográficas publicadas e inéditas y colecciones fotográficas en archivos documentales dentro y fuera de El Salvador.

Por otra parte algunos sitios arqueológicos-históricos investigados dieron apertura a la realización de una futura investigación antropológica, orientada a profundizar en el devenir histórico y social de los sitios y sus habitantes.

El reconocimiento arqueológico, el mapeo de los sitios, el levantamiento de las plantas arquitectónicas, la investigación histórica en documentos antiguos e inéditos, el trabajo con las personas vecinas de los sitios, propietarios y demás, hizo de éste proyecto una investigación interdisciplinaria en la que colaboraron instituciones públicas y privadas.

Finalmente es necesario aclarar que este documento refleja una primera fase investigativa del gran proyecto Registro de Sitios Arqueológicos Históricos de El Salvador, y que de acuerdo al seguimiento futuro se habrá de retroalimentar y ampliar; pero que sin embargo, sentará las bases para nuevas investigaciones en la materia.














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Archivo del Departamento de Historia, Difusión de Investigaciones de CONCULTURA. Expediente Iglesia de Tacuba, sin año. TA3, folios 1 y 2
Expediente: La portada de Ostua, (1975?) HA-10.
Ingenios de Hierro de Metapán. Sin año.

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1 comentario:

2efes dijo...

Me parece una excelente presentación de sitios poco conocidos pero importantes. Hace mucha falta interés y apoyo financiero del Gobierno y empresa privada para desarrollar muchos proyectos que salven lo que queda de nuestra historia. Se perdió San Salvador antiguo, en Antiguo Cuscatlán también perdimos mucho en aras de la urbanización, esperemos que aprendamos y tratemos de hacer las cosas bien